2 de diciembre de 2022

La historia del Concejo de Gozón

Escudo de armas.

En campo de azur, una Cruz de la Victoria de Oro y dos banderas de gules, liadas sus fustas al extremo inferior de la cruz.

Prehistoria

A finales del Paleolítico inferior (500000 al 90 000 a. J. C.), debido a un período climático benigno, el hombre puede habi­tar al aire libre. De este período se ha localizado en Bañugues, entre la playa y la margen izquierda del río, un importante yacimiento, con seis niveles, en donde se han recogido impor­ tantes restos de industria lítica achelense: lascas, puntas trié­dricas, raspadores, buriles, etc. Parece que este yacimiento corresponde a un campamento que estaría habitado por un buen número de gentes dedicadas a la pesca y a la recolec­ción de mariscos. 

En este mismo yacimiento, pero perteneciente al Paleolítico medio (90 000-50 000 a. J. C.), ya en el período de transición a un clima frío, donde los restos pueden aparecer en cuevas o yacimientos al aire libre, se recogieron varias piezas de la cultura musteriense: disco unifacial, bifaz, raederas, dos cuchillos, etc. 

En la playa de Tenrero (Verdicio ), también al aire libre, se recogieron varias piezas musterienses como monofaciales, denticulados y una lasca laminar. 

De finales del Paleolítico superior al Neolítico se desarrolló en Asturias la denomi­nada cultura Asturiense (7 000-5 000), cuyo resto material más típico es el llamado “pico asturiense”. Esta cultura coincide con un período climático benigno que posibilita de nuevo la ubicación del hombre en las zonas costeras. En la playa de Bañugues, en la zona del pedrero hasta la Punta de Forcada, se localizaron varios picos asturienses.

Hallazgos aislados de útiles se realizaron también en San Martín de Podes y en Legua (Luanco). La mayoría de estas piezas se pueden ver en la vitrina nº 1 del Museo Arqueoló­gico Provincial de Oviedo.

Protohistoria

En esta etapa, que se desa­rrolla fundamentalmente en el primer milenio antes de Cristo, surge en Asturias la cultura de los castros (650 a. J. C. al cam­bio de Era). El concejo de Cazón estaba comprendido en la denominada zona Paésica, que abarcaba prácticamente la extensión del que fue alfoz de Gozón desde el siglo X al XVII, y estaba habitada por un pueblo de posible filiación celta, los pésicos, que convivían con los habitantes autóctonos astures. Estos pueblos construyeron sus poblados fortificados en vertientes, cabos y promontorios por necesidades defensivas. Su economía era pastoril, practicaban la caza, pesca y una incipiente agricultura; tam­bién utilizaban el hierro para fabricar sus armas. De esta etapa protohistórica los únicos indicios en el concejo son la lo­ calización de tres castros: El Castiello en Podes, El Castiello en Verdicio y El Canto la Figal en Laviana.

El paso de Roma

La presencia de Roma en Asturias, desde el año 19 a. J. C. apenas si dejó huellas en nues­ tro concejo. Se han recogido ladrillos romanos en La Rem (Cardo), tégulas e ímbrices en Bañugues que sugieren la exis­ tencia de enterramientos. Hay referencias a unas posibles columnas romanas en la antigua iglesia románica ele San Jorge de Heres. También en Bañugues se localizó un bronce ele Constantino. Otros vestigios ele esta época pueden ser algunos topónimos como: Aramar, ara del dios del mar; Arispol (Vioño), aras del dios Apolo; Ovies (Verdicio), cuya forma indígena sería “Opias», que puede estar relacionado con la divinidad romana de la fertilidad de la tierra OPS; Laviana, que deriva de Flaviana; Cerín, relacionado con Quirinus.

Edad Media

El concejo de Gozón comprendió en la Antigüedad los territorios de los actuales con­cejos de Carreño, Corvera, Illas, Castrillón, Avilés y el pro­ pio Gozón. En su territorio construyó, en el año 866, Alfonso III El Magno el castillo de Gauzón, aprovechando un antiguo enclave romano, para proteger sus reinos de los ata­ques normandos. Según la tra­dición, en el año 908 se cons­truyó en esta fortaleza la Cruz de la Victoria, que es el emblema heráldico del actual concejo.

Durante muchos años fue polémica la situación del castillo; hoy es aceptada por unanimidad el peñón de Raíces, en la entrada e Avilés, como lugar seguro de su construcción. Fue patrimonio Real hasta que Alfonso IX lo cede a su esposa Berenguela y Alfonso X el Sabio lo cede, definitivamente a la Orden de Santiago que, tras varias vicisitudes, lo vende, comenzando su desmantelamiento en 1420.

Casi desde los inicios de la Reconquista el concejo de Gozón aparece reflejado como uno de los de más personalidad y mayor densidad de población de Asturias. Ciñiéndonos a sus fronteras actuales, el territorio aparece, en el siglo IX, en diversos documentos que confirman su condición de territorio de realengo. Las dona­ciones de monarcas y personajes de la nobleza, a través de los años, convertirán al monasterio de San Vicente de Oviedo en poseedor de la mayoría de las explotaciones agrícolas del concejo. La mayor parte de las referencias documentales nos confirman la existencia de una economía basada en explotaciones agrícolas, como las que poseía el presbítero Vicente, en la primera mitad del Siglo IX, en Nembro. También se documentan numerosas plantaciones de manzanos en toda la franja costera. en este sentido es significativo el inventario de familias que habitaban en el territorio de Gozón a mediados del siglo XII, pues, de las cuarenta familias inventariadas , 23 son agricultores, cuatro carpinteros y dos pescadores, el resto queda sin especificar.

Las donaciones reales comienzan en el año 857, cuando Ordoño II da a San Salvador de Oviedo el monasterio de Santiago de Ambiedes y, en el 875, todos los celleros de Gozón. En el 948 el obispo Vimara cede la iglesia de San Juan Bautista de Nieva y la de Santa Coloma. Al­fonso III El Magno, en su famoso testamento, dona 28 iglesias a San Salvador, en el territorio de Gozón; su hijo Froilaz, en el 912, cede la iglesia de Santa María de Antromero. En el mismo año 912, Ordoño II dona la villa de Bocines con la iglesia de San Martín, la villa de Condres con la iglesia de Santa Martina, la iglesia de Santa María, en el valle de Ambiedes, junto con el monasterio de San Jacobo, la iglesia de San Jorge, en el valle de Araue, la de San Martín de Cordes, junto a Podes, iglesia de San Juan en Nieva y San Salvador de Piedras Albas (Viodo) y, por último, la villa de Obias en el valle de Verdicio.

En la documentación del monasterio de San Vicente de Oviedo, entre los siglos X y XIII, hay alrededor de una treintena de documentos en los que aparecen lugares comprendidos en la actual demarcación de Gozón, que vienen a confirmar la existencia de un buen número de villas o explotaciones agrícolas, y la mayoritaria pre­sencia de este monasterio en la comarca. Entre los lugares nombrados citamos: Nembro, Eiras (Heres), Bonnuar (Bañu­gues ?), Luanco, Paotes (Po­des), Nozinas (Bocines), Laviana, Monello (Moniello), Berzizo (Verdicio), Condres, Manzaneda, Viodo, etc.

Por todos los datos se puede deducir que existía una población indígena, que cultivaba fértiles campos y posee abun­dantes bosques y caza, así como la existencia de ricos hombres, condes y personajes de la corte que procedían de Gozón, como Muño García, merino de Gozón, que aparece citado en el Fuero de Avilés.

La Puebla de Gozón aparece como tal en las campañas de repoblación urbana llevadas a cabo duraente el reinado del Alfonso X El Sabio.

Estas campañas tenían como fin primordial la promoción de la vida urbana. Por una parte el Rey concede, a través de las «cartas pueblas», la facultad de poder organizar vida munici­pal y concejil a unas comunidad des que quedan entonces bajo su tutela, debilitando con ello el creciente poder señorial y evitando, al mismo tiempo, sus continuos abusos. Por otra parte la nueva comunidad debe corresponder a las arcas del Reino con los impuestos y, al ejército real, aca­tando las continuas levas que el monarca disponga.

En el caso de la Puebla de Gozón, el monarca viene a re­ conocer «de derecho» a una población que ya tenía varios siglos de antigüedad, dedicada a la pesca y salazón de produc­tos de la mar. Efectivamente, en el año 1058, aparece citado Luanco como una localidad situada in litore maris, y su puerto ya debía de tener una cierta importancia, pues Alfonso VII dona al monasterio de San Pelayo de Oviedo, en 1147, la quinta parte de sus portazgos. Importancia que viene confirmada por la constatación de la presencia de pescadores de toda la Cornisa Cantábrica en su puerto. Estos pescadores foráneos deberían de pagar igualmente a San Vicente de Oviedo los derechos de todas las mercancías que introdujeran. De esta forma el referido monasterio unía a sus grandes posesiones agrícolas en Gozón, los derechos sobre la pesca del puerto.

La pesca era la principal fuente de riqueza para el pue­blo. El pescado se secaba, curaba, y salaba en algunos casos, con vistas a su posterior comercialización. Ocupaba un lugar fundamental la ballena. Su pesca se realizaba desde lanchas dotadas con timonel, cinco remeros y arponero. Una vez capturada la pieza se procedía a su reparte según los usos y costumbres específicos de cada lugar. En Luanco la pieza cobrada era llevada al denominado “puerto de ballenas “, la actual playa de La Ribera, para, a continuación , proceder a su “destocinado” o descuartizado. En esta operación eran admitidos los que, de forma directa, hubieran intervenido en su captura. Cada uno de ellos portaba un cuchillo, de “mango de palo”, con el que cortaba la parte que le correspondía.

Se reservaba la “regalia”, o parte que le correspondía al Rey, y que habitualmente con­sistía en una tira de la cabeza a la cola, y la parte del vientre, que se destinaba siempre a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario. La grasa de los cetáceos era derretida y embarri­cada en unas instalaciones que existían en la actual calle de San Juan. Esta calle se denominó, durante muchos años, de la «Fumienta», en razón del mucho «Fumo» que la opera­ción de derretir las grasas producía. Otra parte de la carne se salaba y era aprovechada para el consumo humano. Los hue­sos tenían múltiples usos en utensilios caseros o en la construcción de las cercas de las casas, como las que en Luanco existían en 1787. Esta pesca, que se realizaba fundamentalmente en los meses de invierno, se mantendrá con una cierta vitali­dad hasta el siglo XVI, decaerá durante el XVII para desapa­recer, totalmente, en el XVIII. En el año 1686 tenemos las úl­ timas referencias alusivas a una ballena capturada en Luanco. Restos de esta antigua pesca es el lugar conocido aún hoy como La Atalaya, desde donde al «atalayero» debería de avisar de la presencia del mamífero, y otros lugares como Ballena o Ballenín, en las proxi­midades del Cabo de Peñas.

A esta vocación marinera hay que añadir las actividades agrícolas y ganaderas que en el concejo también tuvieron gran importancia. Prueba de ello es el arriendo que, en el año 1331, otorga el abad de San Vicente de Oviedo de sus extensas pose­siones en Condres y Bocines.

La Puebla de Gozón, con el paso del tiempo, cambiaría esta denominación original por la que tenía el núcleo que existía con anterioridad a su nacimiento como villa, Luanco. Este corresponde al étimo Illu Ancone, que identificaba en un principio a una pequeña ensenada donde recalaban las embarcaciones y, más tarde, a todo el núcleo de población que fue naciendo a su alrededor. El nombre de Luanco ya aparece, sin latinizar, en un do­cumento del año 1058 en el que se permuta una propiedad situada en él por un caballo.

La vida municipal comienza a intentar organizarse desde el mismo momento en que se constituye en puebla, en la segunda mitad del siglo XIII. Los testimonios más antiguos si­túan estos primeros inicios de vida municipal en Santa Eulalia de Nembro. Se conservan en esta aldea restos de una antigua capilla de estilo románico, que pudiera correspon­der al templo del núcleo primitivo de la Puebla de Gozón. En este templo se reunirían alcaldes y regidores del concejo y, por San Juan, se procedía a la elección de los cargos de renovación anual. Posteriormente, cuando las condiciones de seguridad en la costa lo fueron permitiendo, Luanco se erigió en parroquia propia, desgajándose e a matriz de Nembro.

Desconocemos la fecha exacta en que sucedió, pero hay refe­rencia, en 1574, a la existencia de la parroquia de Santa María de la Pola de Luanco.

En el año 1309 el rey Fernando IV concede los territorios de Gozón como alfoz a Avilés, pasando el territorio a depender jurisdiccionalmente de ella y a estar también regulado por el mismo Fuero de Sahagún. Por esta dependencia se obligaba a pagar , anualmente, 600 marevedís, pero también facilitó el poder participar de alguna forma en las franquicias y privilegios que Avilés tenía. Era, después de Oviedo, el segundo núcleo y emporio comercial más impor­tante y su puerto era el princi­pal de toda la costa asturiana. Además, Avilés tuvo, durante mucho tiempo, el monopolio sobre uno de los productos vitales para la conservación de la pesca, la sal.

Edad Moderna y Contemporánea

El concejo de Gozón, bajo la tutela avilesina, fue consolidando sus instituciones muni­cipales y desarrollando su eco­nomía. El ayuntamiento estaba formado por dos jueces, uno para el estado noble y otro para los «pecheros», siete regidores, dos procuradores, un alcalde de hermandad y un alférez mayor y regidor perpetuo. Es­ tos dos últimos cargos le fue­ ron concedidos a Rui Gonzá­lez de la Pola y a sus descendientes, en 1558, por el rey Felipe II y confirmados, en 1712 por Felipe V.

Los privilegios que Avilés tenía se fueron perdiendo paulatinamente por la intromisión de los monarcas en la vida municipal. El tributo de merindad ascendía, a finales del siglo XVI a 3000 maravedís. Llegó el momento en que a Gozón ya no le interesaba permanecer por más tiempo bajo la tu­tela de Avilés, pues ya no le reportaba beneficio alguno. En el año 1605 se realiza el deslinde de términos munici­pales, en el que se tomó como base la mayor extensión de las aguas saladas en las mareas equinocciales. Con la se­ paración de los dos municipios se inicia también una po­lémica sobre los límites con Gozón, que ha perdurado hasta hoy día.

Como concejo de realengo tenía asiento, voz y voto en la Junta General del Principado, donde fue representado, en los siglos XVII y XVIII, por la casa condal de Peñalba. Estos y otros representantes se elegían utilizando unas pelotas de plata en las que se introducían los nombres de los aspirantes y, luego, se sacaban al azar.

Con el aliciente de la pesca, el puerto el puerto de Luanco se convirtió en punto de referencia de un buen número de personas procedentes de todo el litoral cantábrico y de afuera de las fronteras peninsulares. Con el progresivo asentamiento de estas gentes en la pequeña factoría pesquera que era Luanco, se fueron dando condiciones de núcleo urbano. En un principio solamente los barrios de Altamira y la Soledad reunían estas condiciones. En medio de ambos, la gran concha de la playa de La Ribera, en torno a la cual se desarrollaría la actividad pesquera. A finales del siglo XVI, y sobre todo el XVII, la ballena comienza a desaparecer. Para cuando esto ocurra, Luanco ya se habrá con­ vertido en una pequeña poten­cia pesquera con un poderoso gremio de pescadores a su frente.

La ballena será susti­tuida por otras especies como la sardina, el besugo, el congrio, que serán la base de una floreciente industria de escabeches y salazones, que eran exportadores a la meseta castellana. El arte del escabeche y el salazón ya era practicado en Luanco desde antiguo, como viene a confirmar Sáñez Re­ guart al afirmar que estos ya estaban presentes en la mesa de Pedro I, en el año 1389.

En el año 1648 se hace un recuento general de la pobla­ción del concejo, que da como resultado 484 vecinos, a los que habría que sumar su correspondientes familias. Estos han de plantar cuatro castaños o robles cada uno.

Durante los siglos XVI y XVII no se darán todavía las condiciones favorables para que se generalice el poblamiento en torno a la concha de La Ribera, sin que ello quiera decir que no existía ningún tipo de asentamiento. La inquietud e inse­guridad ante el continuo peligro de ataques piratas, corsarios o del enemigo que la Corona tuviera en ese momento, lo impedirán. Durante el siglo XVII e inicios del XVIII, son va­rias las alarmas que se producen: 1674 ante el peligro de ataque de la flota francesa; 1694, nuevo peligro de ataque de fragatas francesas; en el año 1707 permanecen cautivos en Luanco 10 prisioneros alemanes,  holandeses,  ingleses  y portugueses; 1762, dos ataques ingleses a Nieva, en julio y en septiembre, etc. En vista de esta situación se decide acantonar en el pueblo un regimiento al mando del cual es­ taba el Conde de Peñalba, don Rodrigo de Cienfuegos y Val­dés y, en 1764, se manda poner a punto los cuatro cañones que había. El problema quedará definitivamente zanjado, en el año 1781, con el inicio de la construcción de una pequeña fortaleza en el lugar aún cono­cido hoy como el Fuerte, domi­ nando la entrada al puerto de Luanco. De su construcción se encarga el maestro de cantería José García Hevia, tomando como modelo la que se estaba construyendo en Gijón. Las obras terminan a finales de 1782 y tuvo una corta vida y una corta utilidad pues, a mediados del siglo XIX, ya estaba en desuso y abandonada. Por otra parte el siglo XVIII en nuestro concejo se caracteriza por ser una época de paz y prosperidad, no volviendo a producirse la situación de inestabilidad que había caracterizado al siglo anterior.

La guerra de Sucesión finaliza en 1713 y se inicia un pe­ríodo de relativa paz, carecterizado por una cierta prosperi­dad en todo el territorio. El censo de Floridablanca, del año 1787, contabiliza seis mil cuatrocientos vecinos, cuatrocientos de ellos se agrupaban en torno a la Cofradía de Pescadores, que desde inicios del si­glo XVII existía bajo la advocación de la Virgen del Rosario. Contó el puerto de Luanco, durante el siglo XVIII, con una media de 18 embarcaciones llamadas mayores, de 10 a 12 toneladas, con una tripulación entre 10 y 15 hombres y dedi­ cadas a la pesca del atún y be­sugo; 12 de las llamadas menores, de poco más de tres tonela­das, con unos cinco hombres de tripulación y dedicadas a la captura, entre otras, de congrios, abadejos y merluzas. También existían algunas embarcaciones de mayor tonelaje, como el bergantín «San José y Animas», de cuarenta y nueve toneladas, o el llamado «Los Dolores», de setenta toneladas, dedicados al transporte de pasajeros y mercancías. La agricultura era la ocupación mayoritaría del concejo; según el mismo censo de Floridablanca, había mil cuatrocientos agricultores, que contaban con cerca de tres mil cabezas de ganado entre vacuno, caballar y de cerda y cultivaban, princi­ palmente, escanda, trigo, maíz, habas y centeno.­

La industria de salazones y escabeches, que se había ini­ciado en los siglos anteriores alcanza, en este siglo XVIII, un espectacular desarrollo, llegando a existir once compañías. Estas serán las precursoras de la moderna industria conservera que existió en el pueblo hasta el año 1984.

La paz y la prosperidad a las que antes aludíamos como características del siglo XVIII, serán los determinantes de la re­cuperación económica de todo el concejo. Se comienza la urbanización y poblamiento definitivo de toda la franja costera, que permanecía casi desocupada; se constituye un murallón bordeando la línea de costa desde la iglesia hasta la playa de La Ribera; se le­vanta un nuevo ayuntamiento en sustitución del existente de 1592; se construye el muelle en el año 1723 y se mejora y arregla en varias ocasiones; se arreglan los caminos a Oviedo y Avilés, dotándolos de puentes donde fuera necesario; se pavimentan varias calles como la de la Canal y la Riba; se levanta la Torre del Reloj, dotándola de una maquinaria de cam­panas; se construye la mayor parte de la actual iglesia parro­quia y se tallan la mayoría de sus retablos; se dota al pueblo de una fuente pública de agua; en 1714 Juan Suárez Pola funda el albergue de pobres y peregrinos; en 1734 se levanta la capi­lla de San Juan Bautista y se talla y coloca su retablo; en 1701 se construye la capilla de la Soledad, hoy desaparecida; se lev­anta la capilla de la Concep­ción, construcción del fuerte de la Atalaya, etc. En el ám­bito rural se construyen, de nueva planta o se reforman; la mayoría de las iglesias y capillas, así como también son de esta época un buen número de las casonas solariegas que han pervivido hasta hoy.

En mayo de 1808, al cono­cerse la invasión francesa, se organiza una Junta Patriótica, que se encargará de todo lo concerniente a la defensa del concejo; se nombra a Juan González Pola comandante de la «alarma de Gozón», que debía organizar, con la colabo­ración de los sacerdotes rurales, la defensa del territorio cuando llegara el momento. Don José Miranda Carreño re­ presentó al ayuntamiento en la Junta General del Principado, que declaró la guerra al invasor, cargo en el que sería susti­tuido por el Conde de Peñalba. El concejo de Gozón fue in­cluido en la División de San Isidro, junto con Aller, Lena y Sobrescobio.

En junio del año 1808 se crea el «Regimiento de Candás y Luanco» y se nombra a don Juan  González  Cienfuegos, de San Pedro Martín de la Vega del Rey, coronel del mismo. Tenía como bandera el escudo de Gozón y estaba formado por diez compañías de mozos de Luanco y Candás, hasta un total de 748 soldados y treinta jefes y oficiales. De su heroico comportamiento baste citar su participación en la ba­ talla de Espinosa de los Monteros, en la que sufrieron más de trescientas cuarenta bajas; par­ticipan en la toma de San Vicente de la Barquera, en abril de 1809; en la de Santander, en mayo del mismo año, y pe­ netraron en Francia en persecución de los ejércitos napoleónicos en retirada, derro­tando y ocupando la ciudad de Toulouse en abril de 1814.

Uno de los hechos más sangrientos de la contienda en nuestro suelo fue la derrota de las «alarmas» de Carreño, Go­zón, Corvera, Illas, Castrillón y otras, que intentaban cortar el avance del brigadier Marcog­net en las cercanías de Valli­niello en mayo de 1809. El 21 de mayo ocupaba Luanco el 25 Regimiento de Infantería, al mando del mariscal Ney; una nueva ocupación se produciría en mayo de 1811.

Las contribuciones al ejército nacional en especias y dinero, como los treinta mil rea­les exigidos por el Marqués de Vista Alegre en 1808, las exigi­das por el ejército invasor en ganado, comida y dinero unido al saqueo, pillaje y destrucción, dejaron sumido al concejo en la miseria. Situación que se agravaría con la falta de brazos para la agricultura y la pesca, las malas cosechas que durante unos años se produjeron y el proceso de depuración iniciado al término de la guerra.

Durante el trienio liberal (1820-1823) se segregan de Gozón, y forman su propio ayuntamiento, Santiago de Am­biedes y San Jorge de Heres, que volverán a integrarse en el concejo cuando Fernando VII tome de nuevo los poderes absolutos.

Las guerras carlistas tendrán repercusiones en el concejo, donde la ideología tradiciona­lista estaba fuertemente implan­ tada en las áreas rurales. En el verano de 1836 se registra el paso por el concejo de los generales Sanz y Gómez, así como incursiones de varias partidas de guerrilleros tradicionalistas en busca de víveres y suministros.

A mediados del siglo XIX el puerto de Luanco contaba con seis bergantines entre 16 y 70 toneladas, cuatro lanchas mayores entre 10 y 12 toneladas, nueve menores de 3 a 5 tonela­das y dos botes entre 2 y 4 tone­ladas, que daban ocupación a 158 personas.

En los años finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, el panorama industrial del concejo se reducía a unas pocas industrias que podríamos consi­derar modernas y otra serie de trabajos y ocupaciones con un marcado carácter artesanal.

La industria conservera, formada por cuatro grandes firmas que se mantuvieron activas hasta la década de los años 60- 70, cerrando la última de ellas en 1984: El Cabo de Peñas, fundada en 1898; La Polar, fundada en 1901; Pesquerías, fundada en 1919 y Conservas Norte, más tarde denominada FERPA. Abastecía a estas cuatro empresas una impor­tante flota pesquera local que fue una de las primeras en As turias en contar con embarcaciones de vapor.

Los yacimientos de hierro de Llumeres (Bañugues), se cerrarán definitivamente en mayo de 1967. Existían además, un buen número de carpinteros de ri­bera dedicados a la construc­ción de embarcaciones. Por último, la elaboración y bordado de los encajes de malla, trabajo que, en el año 1902, ocupaba a más de doscientas mujeres de la localidad. Gozón entra en el siglo XX con una población de siete mil treinta vecinos. La emigración hacia América y, en general, los planteamientos económicos y sociales de la segunda mitad del siglo XIX continuarán siendo válidos para las primeras déca­das del siglo XX. Un hecho importante para la historia del concejo sería la fundación por don Mariano Suárez Pola, en 1873, de un centro de enseñanza que posibilitaría el acceso gratuito de los gozoniegos a los estudios básicos y a las carreras de naútica y comercio. hecho de gran transcendencia que determinaría profundos cambios en las estructuras socio-profesionales y económicas de toda la población.

Desde los últimos años del siglo XIX Luanco comenzará a ser centro de veraneo de numerosas familias. al percatarse de que podía constituir una buena fuente de ingresos para las mayoría de los vecinos, se inician en aquellas lejanas fechas, los primeros intentos de explotación del fenómeno turístico. Este fenómeno vino a completar la siempre deficitaria economía de un pueblo con una infraestructura industrial muy precaria. Y, en cierta forma, al abrigo del veraneo y ante la necesidad de presentar unas condiciones óptimas que hiciera más apetecible la estancia en el pueblo, se irán introduciendo toda una serie de mejoras que van a afectar, fundamentalmente, al equipamiento doméstico, infraestructura urbanística y tendrán una indudable repercusión en las costumbres y formas de vida del pueblo.

En 1890 se inaguraba un balneario y casa de baños en la playa de La Ribera que, tras muchas vicisitudes, desaparecería en 1916; en 1903 se inician las obras del nuevo muelle del Gallo; en 1915 comienzan las obras del muro que bordea la línea de costa desde la iglesias hasta la que sería la nueva playa de baños del pueblo; en 1917 se comienza la construcción de la llamada “carretera nueva “, que uniría el nuevo muelle con la salida del pueblo hacia Avilés; en 1924-1925, tras la segregación de la parroqui d eSan Pedro de Navarro, se inaguraba el nuevo parque público del Zapardel, aprovechando la visita del entonces Principe de Asturias.

Mejores todas ellas que habrían de llegar con el paso del tiempo, pero que es posible que el fenómeno turístico haya acelerado de alguna forma.

Todas estas obras, y otras que habrían de venir junto con la progresiva masificación del veraneo y la rápida urbanización y renovación del casco urbano, marcarán la evolución del pueblo y del concejo en las últimas décadas del presente siglo (recordemos que el autor edita esta guía en el cuarto último del pasado siglo XX).

Para poder tener una visión más completa de la reciente evolución del concejo a la que antes aludíamos, es necesario un pequeño comentario sobre los cambios acaecidos en los sectores que hasta hace pocos años fueron los únicos puntales de su economía.

­En Gozón, como en toda la Cornisa Cantábrica en general, predomina la ganadería, basada en un régimen de explotación familiar que lleva asociados cul­tivos complementarios de poca entidad, tanto en extensión como en el aspecto comercial. La estructura agraria se caracteriza por el fuerte predominio del minifundio o pequeña propiedad.

Los cultivos tradicionales han  sido abandonados paulatinamente y sólo se mantienen los de la patata, maíz y productos hortícolas en muy peque­ñas proporciones. El motivo de la desaparición de estos culti­vos fue el gran desarrollo al­canzado por la ganadería debido, sobre todo, a la creación de ENSIDESA (1950) y su entrada en servicio (1956), que hizo crecer la población de Avilés con dos consecuencias sobre el sector agrario de Gozón: de una parte, la mayor de­ manda de productos lácteos y cárnicos; por otra, la liberación de una mano de obra agrícola que pasa al sector industrial. Esto dio lugar a un cambio en el paisaje agrario que pasó de un predominio de las tierras cultivadas a una situación en que los pastizales y terrenos dedicados al cultivo de forrajes (alfalfa, vallico, etc.) dominan el paisaje.

Dentro de la comarca de Avilés, Gozón es el concejo con mayor potencial ganadero, siendo famosas las variedades de «xatos culones». La cabaña ganadera la componen, fundamentalmente, la raza frisona, en sus variedades de holandesa y canadiense, por su alta producción lechera, y la Asturiana de los Valles, que está recuperando su primitiva preponderancia en la cabaña del concejo.

Un proceso similar al agrí­cola lo sufrió el sector pes­quero con la creación de ENSIDESA. Pero, en el caso de la pesca, con diferentes resultados, pues si el agricultor pasa a ser fundamentalmente gana­dero, la mano de obra pes­quera se desplazará hacia la in­dustria, perdiendo este sector su antigua importancia, que había dado lugar a una flore­ciente industria conservera, hoy totalmente desaparecida.

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